Mostrando entradas con la etiqueta Twitter. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Twitter. Mostrar todas las entradas

23/1/15

Comunicados por la incomunicación

Vivimos en un mundo globalizado. En un mundo que está constantemente actualizado. Y gran culpa de ello la tienen los medios de comunicación, por supuesto. Pero también Internet. Es la era de Internet, la era de los ordenadores, de los móviles -smartphones- y de las tablets, entre otras tantas cosas, entre otras muchas nuevas tecnologías. Los blogs, las páginas web... Facebook, Twitter y otras redes sociales... Y, como no, el Whatsapp y sus derivados. En fin, para todos nosotros esto es algo más que familiar. Las generaciones de jóvenes que nacimos a finales del siglo XX estamos acostumbrados a utilizar este tipo de tecnologías. Y resulta curioso, ya que un niño de tres años maneja a la perfección una tablet, mientras que su abuelo no sabe ni cómo encenderla. Somos la generación del pulgar, con nuestros movimientos sobre los teclados táctiles y sobre las pantallas de los móviles.
No cabe duda del avance que ha supuesto para la vida humana la creación de estas nuevas tecnologías. Sin embargo, este tema se encuentra siempre rozando el debate. Lo que más se oye decir es que estas tecnologías nos facilitan tanto la vida que nosotros, los humanos, perdemos capacidades intelectuales.
No escribo este articulo para decir de qué manera pueden influir las nuevas tecnologías en nuestra forma de pensar. Eso se lo dejo a los expertos en la materia. Escribo esto por pura inquietud y porque, simplemente, observo el mundo que me rodea.
Díganme si me equivoco o no. Usted se levanta una mañana y, supongamos, que tiene que coger el metro para ir al trabajo. Una vez dentro del metro, podrá observar, o habrá observado, que la mayoría de la gente va a su bola. El chico que está sentado a su derecha está escuchando música, observando al horizonte, pensado, quizá, en el terrible examen que tiene que hacer. La chica que está sentada delante de usted manipula su móvil táctil con sus dedos, a la vez que estos se mueven a una velocidad terrible; de repente, observa que de los labios de esta chica aflora una dulce sonrisa, fruto del mensaje enviado por el chulo, poco romántico y golfo de su novio. Sí, no me lean con esa cara. Creo que no he dicho nada nuevo, la mayoría de los tíos de hoy en día son así, y es triste.


Sigamos observando. Al lado de esta chica hay una señora. Pongamos que ronda los cuarenta. El caso es que esta señora se encuentra en medio de una interacción continua con su tablet. Fíjese más, querido lector. Ahora es cuando lo ve: la señora lleva unas gafas. En ellas se refleja la pantalla de su tablet: está jugando al 'Candy Crush'.




¿Lo ve ahora? Estos tres casos pueden reflejar, y reflejan, perfectamente el mundo en el que vivimos. Un mundo donde la tecnología se ha convertido en nuestra forma de vida. Diferentes personas de diferentes edades viven comunicadas por la incomunicación. Joder, si es que incluso ponemos el puto móvil encima de la mesa siempre que estamos comiendo. Hablar directamente con otras personas parece algo que ha quedado en segundo plano, un actor secundario. ''¡Corten!'', grita el señor director Móvil. La escena en la que aparecen dos personas hablando no le interesa. Vivimos en una sociedad que vive, valga la redundancia, cada minuto actualizada. Vivimos en la época sublime y esponjosa de las redes sociales y la comunicación. Al final es todo mentira. ¿Donde está la verdadera comunicación entre personas? Y me refiero a la comunicación física, de palabra, de boca a boca. Cada vez que tenemos la ocasión de hablar con alguien nos recreamos en nuestros móviles, o váyase usted a saber. Como decía Marshall McLuhan, la tecnología es la prolongación de nuestro cuerpo. Pero utilizamos esta tecnología hasta para hacer daño. Sin embargo, vivir en la mayor etapa de comunicación social no significa que esto sea algo cien por cien real, ya no creo en las encuestas. Hagan ustedes mismos el experimento: vayan a algún lugar donde haya mucha gente y observen cuántas personas están con sus móviles y cuántas hablan entre ellas.
El tema del que estoy hablando supone un cáncer más para nuestra sociedad, supone un paso más para el derrumbe del 'gran imperio global'. Recordemos a Einstein un momento: ''Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas''.


Marshall McLuhan





Pero tranquilícense, no se inquieten en sus asientos tras leer mis palabras. No quieran venir a por mí con antorchas, yo no soy Frankenstein. Yo soy el primero y el último que hace posible que esto suceda, porque yo también vivo con mi móvil como si fuera mi propia novia. La tecnología existe por algo, pero las personas también. Y, voy a serles sincero, yo prefiero mirar a los ojos a una persona que ver mis propios ojos reflejados en una pantalla.

18/1/15

No soy Abraham Mateo


El título de la entrada parece de broma. Ni mi cuerpo, ni mi ropa, ni mi edad, ni mi barba, ni mi voz (que es mejor), se parecen a los de Abraham Mateo. ¿Como han podido entonces confundirme con él? Me reitero, parece de broma, pero lo que voy a contaros a continuación es una maldita true story.

Todo comenzó allá por el mes de Octubre del año pasado. Un día cualquiera recibí un mensaje de Whatsapp de un número de teléfono desconocido que decía "¿Hola? ¿Quién eres". Mi primer pensamiento fue que era alguien que se había confundido, y por eso respondí: "No, ¿quién eres tú?".  La respuesta fue cuanto menos divertida: "¿Eres Abraham Mateo? Soy una fan tuya, Abraham". Y así comenzó el escándalo. Bloqueé ese teléfono, pero al menos 3 veces a la semana seguía recibiendo mensajes de Whatsapp de niñas (lo sé por las fotos) que no paraban de preguntarme si era este chaval cantante, y lo que es peor, llamadas, algunas desde países como Venezuela o Ecuador, a horas intempestivas, y que colgaban nada más escuchar mi voz.
Pero un día me harté. Decidí no bloquear a una de las niñas que me preguntaban si era su amor, su ídolo, Abraham, e intentar mantener una conversación coherente con ella, para descubrir el por qué de tanta llamadita molesta y mensajitos de amor. Tras demostrarle que no era el cantante, utilizando la táctica de enseñarle mi falso profundo asco por él (en realidad no me da asco, me es indiferente), la chica accedió a contarme dónde había conseguido mi teléfono. Por lo visto hacia el mes de mayo de 2014, alguien filtró el número del cantante en Internet. Eso supuso muchísimos problemas para el chaval, el cual recibió ataques y "troleos" varios como el que reproduzco a continuación:


Como era imaginable, rápidamente Abraham Mateo cambió de teléfono. Sin embargo el rastro de su antiguo número quedó circulando por la red. Las capturas de móvil dónde aparecía el teléfono fueron modificadas, dejando borrosas las dos últimas cifras. Y es ahí dónde comienza mi pesadilla. 
Al parecer mi número de teléfono actual, coincide exactamente con las siete primeras cifras del de Mateo, y las fans se han dedicado a ir probando con diferentes combinaciones, hasta intentar dar con la forma de contactar con su ídolo. No debemos olvidar que son niñas, menores. Agradezco a la muchacha que me contó toda esta historia, ya que sin ella seguramente nunca me habría enterado del origen de este lío.
Pero los mensajes y llamadas siguieron. Otra chica me comentó que mi teléfono, ya literalmente, se estaba filtrando en un supuesto grupo de Whatsapp de fans del cantante, diciendo que era el número real. De ahí que el tsunami de mensajes no haya parado. 
El último contacto fue ayer. De nuevo una niña me preguntaba si era Abraham Mateo, y recibió mi consabida respuesta diciendo que no. Pero esta vez la cosa fue un paso mas allá. La madre de la niña, intercambió conmigo una serie de notas de voz, en las que pudo asegurarse de que yo no era nadie relacionado con Mateo, y en las que le pedí, que por favor me ayudara a parar toda esta historia intentando comunicar en el famoso grupo de Whatsapp que todo era una mentira, y que me estaba empezando a molestar bastante. Veremos si tiene efecto... pero, ¿y si no?.


Principalmente he barajado dos opciones. Una, obviamente, cambiar de teléfono. Pero me fastidiaría bastante tener que hacerlo, por todos los problemas que acarrea, y encima por una cosa como esta en la que yo no he querido meterme. La otra opción que he barajado es ponerme en contacto directamente con Abraham Mateo, para que lance un mensaje a través de su Twitter e intentar parar esto. Tal vez a él si que le hagan caso. ¿Qué haríais vosotros en mi lugar?
Sólo me alegro de que la persona que esté recibiendo estas llamadas y mensajes sea yo, y no haya sido algún otro tipo de persona que se hubiera aprovechado de la situación para vete a saber tú hacer el qué, y ofender o abusar de la confianza que le ofrecen estas niñas, que no dejan de ser menores de edad que aún no piensan en las consecuencias de sus actos.

Así que, ya lo saben, sexys señoritas, lo siento, pero no soy Abraham Mateo.